Acostumbrados como estamos a ver largas colas para ser el primero en comprar el último modelo de teléfono del mercado, a actualizar el terminal cada pocos meses y a tener incluso hasta 2 ó 3 móviles, puede parecer que el sector de la telefonía móvil escapa a toda regla económica de los mercados. Pero no, el precio también es el factor fundamental por el que se guía la compra de estos aparatos tan importantes en nuestras vidas.
Según un estudio de la compañía británica WDSGlobal, casi el 50% de los consumidores citan el precio como el factor más decisivo a la hora de elegir un teléfono móvil nuevo. Por el contrario, sólo el 7% de los encuestados situaba la marca como referencia principal en su decisión.
Estos datos ponen de manifiesto la poca lealtad de los consumidores hacia las marcas, también en el campo de la telefonía móvil, donde ciertas compañías como Nokia o Apple, aún desencadenando todo tipo de pasiones y aversiones, no tienen asegurada la fidelización de sus clientes.
El diseño del terminal también ha dejado de ser un factor primordial a la hora de elegir teléfono, sólo un 10% de los usuarios lo considera importante. La homogenización en la fabricación de los terminales móviles y la estandarización de ciertas características físicas en los smartphones ha dado lugar a una vulgarización en el diseño que no logra marcar diferencias fundamentales entre unas marcas y otras.
Por último, una de las razones principales, junto con el precio, en las que basa el usuario su compra es la funcionalidad del teléfono. Un 34% se ve atraído por la capacidad para instalar aplicaciones, la facilidad de uso, un hardware potente, etc.
En definitiva, dentro de la gama de teléfonos baratos, a ser posible gratis, gracias a las subvenciones de las operadoras, nos quedamos con un teléfono que “haga” muchas cosas, que sea fácil de usar, si es bonito, mejor, y sin importarnos la marca lo más mínimo.