Mientras en algunos países del norte y el este de Europa como Suecia, Noruega, Eslovenia o Lituania, la tecnología de fibra óptica empieza a despegar, España sigue estancada con menos de 10.000 abonados.
Los números españoles resultan aún más desoladores si los comparamos con las cifras europeas. Hasta 3,5 millones de clientes (incluyendo Rusia) obtiene la fibra óptica en toda Europa, la mayor parte concentrados en sólo siete países: Suecia, Italia, Francia, Lituania, Noruega, Países Bajos, y Dinamarca. Lituania, en la primera posición, sobresale entre todas ellas.
Y aunque se espera un crecimiento continuado de esta tecnología en toda Europa, las previsiones para España son menos halagüeñas. La Comisión de Mercado de las Telecomunicaciones presentó un informe hace meses donde preveía una implantación aproximada del 45% para el año 2023. Y sólo tres operadores con redes propias de fibra óptica.
Actualmente, Telefónica es la única operadora que cuenta con una red propia de fibra óptica de cobertura nacional, pero sus ofertas tienen una velocidad limitada a los 30 megas, lejos de la velocidad real que puede alcanzar la fibra, y un precio muy poco tentador fuera de las promociones iniciales.
Está claro que España tendrá que hacer un gran esfuerzo si quiere ponerse a nivel de otras potencias europeas, como Alemania o Italia, que ya están haciendo su trabajo para unirse al grupo de países que cuentan con una penetración de esta tecnología del 1%.