400 euros de media es lo que debe gastarse una familia anualmente si quiere tener Internet en casa. Un precio que, además, debe mantenerse durante 12 ó 18 meses, merced a los contratos de permanencia que casi todas las operadoras hacen firmar al incauto cliente.
Así están las cosas en nuestro país. Cada hogar español debe afrontar un gasto de unos 34 euros mensuales de media para disfrutar de la banda ancha. De ese precio, casi el 50% corresponde a la cuota de línea, un concepto que en Europa ya está totalmente olvidado.
Y, precisamente, en vez de equipararse en precios a nuestros vecinos, las operadoras sólo lanzan promociones más baratas de pocos meses de duración o, directamente, nos intentan engañar eliminando el precio de esa cuota de línea de la publicidad, pero luego no se olvidan de cobrarlo.
A esto hay que sumarle el proyecto de la banda ancha universal que el Ministerio de Industria lleva tiempo desarrollando. Entre las especificaciones del servicio, su precio máximo se sitúa en 25 euros, un precio demasiado alto si tenemos que cuenta que la velocidad sólo alcanzará 1 Mbps. Pero, además, habría que sumarle la cuota de línea, con lo que el precio aún resultaría más caro que las ofertas actuales de las operadoras.
El panorama es realmente desolador. La única esperanza que tenemos los usuarios es esperar que la fibra óptica rebaje los precios del ADSL, o que, por lo menos, si lo tenemos que pagar, que sea un servicio de calidad.